RECORDAD…SER “EMPRESARIO INDIVIDUAL” NO ES LO MISMO QUE SER “AUTÓNOMO”

No nos cansaremos de repetirlo. En las clases de Introducción al Derecho Empresarial siempre surge, de manera recurrente, esta cuestión. Comenzamos a examinar el régimen jurídico del “empresario individual” y, como por arte de magia, aparece la palabra “autónomo”, de forma natural y casi espontánea. Y es que, ciertamente, a esa modalidad de empresario se le reconoce comúnmente de este modo.

No obstante, nos hallamos ante conceptos distintos. Seamos claros:

  • La figura del empresario individual es MERCANTIL. Un empresario individual es una de las formas jurídicas que puede revestir un empresario. De hecho, nos podemos encontrar ante un empresario persona física (el empresario individual) y un empresario persona jurídica (que puede revestir alguna de los tipos mercantiles universales del artículo 122 CCo, es decir, sociedad colectiva, sociedad comanditaria simple, sociedad limitada, sociedad anónima y sociedad comanditaria por acciones; o alguno de los tipos denominados particulares, como por ejemplo, el condominio naval, la sociedad de inversión, la agrupación de interés económico o la cooperativa)
  • Por su parte, el autónomo se corresponde con un CONCRETO RÉGIMEN DE AFILIACIÓN A LA SEGURIDAD SOCIAL. Cada régimen cumple unos requisitos y tienes unas particularidades.

¿Dónde está el problema? el problema reside en que los empresarios individuales (como tipo de empresario mercantil) deben darse de alta en la seguridad social como autónomos. De ahí que se suela identificar un término con el otro, pero sin corresponderse totalmente, como vamos a ver a continuación. Efectivamente, “todo empresario individual es autónomo” en la medida que debe estar dado de alta como tal en la seguridad social, pero “no todo autónomo es empresario individual”, porque los empresarios individuales no son los únicos que deben figurar en ese régimen de afiliación. Concretamente, también deben darse de alta en el régimen de autónomos, entre otros: el cónyuge o familiares de un empresario individual, si colaboran en el desarrollo de la actividad empresarial; los socios industriales de las sociedades regulares colectivas y comanditarias; los profesionales liberales, es decir, aquellos que prestan servicios de marcado carácter intelectual, íntimamente ligados a su personalidad, como abogados, arquitectos, médicos o ingenieros; los consejeros o administradores de sociedades de capital; o los que siempre duele catalogar como “socios” de las tan poco mercantiles comunidades de bienes que llevan a cabo algún tipo de una actividad mercantil.

Por tanto, recordemos que, desde el punto de vista mercantil, existe el empresario individual y su variantes del emprendedor de responsabilidad limitada como formas de empresario persona física, y las sociedades mercantiles, universales o particulares del CCo y legislación mercantil especial. Y otra cosa distinta, al margen de lo mercantil, es delimitar el concreto régimen de afiliación a la seguridad social de cada concreto individuo o forma jurídica, mercantil o no, que interviene como operador en el mercado.

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